31.10.08

Noche de Brujas

Ahí está ella, sola con su disfraz de princesa, aguardando que la pasen a buscar. Hoy es su día, el que tanto esperó y por fin llegó. Es Noche de Brujas. Halloween para todos. “Dulce o castigo”, ensaya en forma de broma, mientras espera el auto encargado en recogerla. Tiene una fiesta. Y su príncipe estará ahí. Luli de nombre, una piba con todos los condimentos adecuados: Belleza, simpatía y humildad. Sexy como su lunar en la cara, no ve las horas de salir. Sin embargo, sigue aguardando. Mira el reloj una y mil veces. Nada pasa. De las 8 a las 11, en un pestañar de ojos. Sus primeras lágrimas recorren su mejilla. Está triste. Demasiado triste. La fiesta ya empezó. De pronto, suena para la piba en ese momento, el sonido más hermoso del mundo: la bocina del flamante R12, auto asignado en llevarla. Su rostro pasa de la tragedia a la comedia, como si fuera las dos máscaras del teatro. Se pone feliz. Tiene motivos. Una última mirada en el espejito (que le dice que es la más linda) y a romper la noche. Con una sonrisa de oreja a oreja, agitando sus manos en cámara lenta, sale. Todo se vuelve lento. Y… ¡PUM! No vio el poste. Se lo tragó. Como así también a su diente de adelante. Todo al carajo: disfraz, príncipe, belleza… ¡TODO! Derecho al dentista. Encima, no tiene obra social. Bueh, de todo esto, algo quedó claro para Luli: Halloween fue una verdadera noche de brujas.

21.10.08

IT, no existís

No sé si creer. Todavía me cuesta. ¿Es joda? Lo ciero es que, aburrido, decidí abrir anoche el msn. Arriba a la izquierda, vi el sobresito del mail, idicándome que me había llegado 1 mensaje. Curioso, arrastré el mouse hasta el lugar. Se abrió. Pertenecía a Luciana Soria, una amiga que se encarga de difundir los espectáculos en Tucumán. Supuse, como la mayoría de las veces, que sería de alguna banda. Pero no. Me equivoqué. Ahí estaba él. "Qué tal yo", parecía decirme. Me volví loco. ¿O estamos todos locos? Tapalín, el payaso que le entregaba ¡un pollo! a los niños de premio, me apareció en un afiche del mail. Pero no cualquiera. Era su afiche, de su película. Por más de media hora lo observé detenidamente. Mis ojos no entendían lo que miraban. Es más, hasta IT (y todos flotan) me parecía un poroto del susto que me hizo pegar (obvio, de lo horrible) ésta cosa al tenerlo en mi pantalla. Pensé y pensé. Y me pregunté: ¿irá alguien a verla? Por lo pronto sé que uno sí. Y es mi amigo Carlos Hitos. Pero tiene un motivo: es el Director de Fotografía.
Ah, me olvidaba, el estreno es el 26 de octubre, a las 20.00, en el shopping del Portal. Están invitados, pero no a tomar el té.

20.10.08

Breve comentario al paso

Viendo fútbol anoche, mi cabeza reflexionó en silencio y dijo: "qué loco los tiempos. Pensar que antes los jugadores cuando pedían refrescarse, les acercaban una bolsita de plástico con agua adentro" Puta, che, el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejo. ¿Alguien se acuerda?

13.10.08

Made in China

Te pido un minuto de tu vida. Sólo eso. Ah, una cosa más: subí el volumen, porque te vas a reír cuando lo veas. ¡Genios!

video

7.10.08

Si querés llorar, llorá

Lo que leerán a continuación, seguramente ya lo habrán visto en otro lado. Pero este es distinto. Con estilo propio. Cambié algunas cosas y agregué otras. Decidí subirlo porque apenas me enganché con el original se me plantó un lagrimón. Sé que lo vas a disfrutar; sino lo hacés, es porque no naciste en los 80 y no tuviste una infancia excelente en los 90. ¡Enjoy!
¿Te diste cuenta que fuimos la última generación que aprendió a jugar en la calle? Como así también en los recreos del cole, ya sea a las bolillas, a la escondida o al elástico. A la vez, somos los primeros que disfrutamos de los videojuegos. Es más, antes el 1 de noviembre era el día de todos los Santos y no Halloween como lo es ahora. Fuimos los últimos en grabar canciones de la radio en casettes y los pioneros del walkman. Lloramos con Carrusel, y nos moríamos si no llegábamos a ver Montaña Rusa o Amigovios. Obvio, también nos tragamos todas las temporadas de Kevin creciendo con amor. Jugamos con el tetris, el Mario Bros o el Wonder boy; y, por supuesto, reventamos los australes en fichas (hoy tarjetas) tratando de llegar a la maldita final. Pero siempre guardábamos una para "la catarata" tratando de sacar más. Somos de la Generación de Robotech, Gi Joe, Los Halcones Galácticos, Thunder Cats, Transformers, Jem, He-Man y las Tortugas Ninja; cómo olvidarnos también de Supercampeones, Arco Iris Rainbow Bright y Frutillita. Un fardo de dibujos que eran excelentes. Crecimos escuchando a Soda, Michael Jackson o a los Guns. También estaban las Azúcar Moreno, Los Locomía y sus abanicos. Nos emocionamos yendo al cine a ver Chatrán, ET, Mi amigo Mac, la Historia sin Fin. Tomábamos la leche con Nesquik. Y cómo olvidarnos del Mundial 90 y su verano italiano. O a las primeras hojeadas a un diario que no se editaba por internet. La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y sólo volvíamos cuando se encendían las luces. No había celulares. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila y no tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas. Comíamos dulces (caramelos Sugus y palitos de la selva), disfrutábamos los chicles Jirafas y tomábamos bebidas, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo, punto. Compartimos todo y nadie se contagiaba de nada, excepto de los piojos del cole pero se solucionaba lavándose la cabeza con vinagre caliente. También -para lo más afortunados- con el Robicombi. No tuvimos PlayStation. Sí existía el Family Game y luego el Sega. No había como ahora 99 canales de televisión, pantallas planas, sonido sunround, mp3, ipods, computadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos bombitas de agua o manguereándonos. Bebíamos agua directamente del caño, agua sin embotellar, donde tambén la disfrutaban los perros. Y nunca escuchamos sobre el calentamiento global. Presumíamos jugando a la botella o al verdad consecuencia, no en un chat diciendo BOLUDECES o "poneme la camarita", ni pretendíamos llamar la atención mediante un fotolog. Qué sé yo... eran otros tiempos, tiempos felices, por eso, si querés llorar, llorá. Yo ya lo hice.